Por Pedro A Matta Lemoine

La casa ubicada en Irán 3037, esquina de Los Plátanos, en la Comuna de Macul de la capital, tiene una historia especial. Al momento del golpe de Estado era propiedad de una familia uno de cuyos integrantes, Luis Gonzalo Muñoz Muñoz, era militante del Partido Comunista. La brutal represión desatada a partir de septiembre de 1973, con asesinatos, torturas, y desapariciones como parte de la vida cotidiana que amenazaba a miembros de la izquierda chilena, impulsó a la familia Muñoz a abandonar el país por un tiempo buscando seguridad. Entonces sus integrantes decidieron poner la propiedad en arriendo a través de un corredor de propiedades.

La amplia casa esquina, de dos pisos de altura, con un gran patio, y cerrada con una alta muralla y portón metálico, ubicada en un sector residencial, fue arrendada por el teniente de Carabineros Miguel Eugenio Hernández Oyarzo, quien era integrante de la recientemente creada Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). Inicialmente la propiedad sirvió como casa dormitorio para agentes de la DINA que eran integrantes del Cuerpo de Carabineros en “comisión de servicio” en el principal organismo represivo de la dictadura.

Sin embargo, como resultado de la intensificación de la represión política, a partir de fines de agosto de 1974 la casa de Irán 3037 se transformó en un centro de torturas y de desaparición de personas, uniéndose a los centros de tortura de la DINA que ya operaban en Santiago en ese período, a saber, Londres 38 (Cuartel Yucatán) en el centro de Santiago, José Domingo Cañas 1367 (Cuartel Ollagüe) en la Comuna de Ñuñoa, y José Arrieta 8200, conocido como Villa Grimaldi (y en el léxico de la DINA, Cuartel Terranova) en la actual Comuna de Peñalolén.

Con anterioridad a agosto de 1974, la Venda Sexy fue ocupada de manera excepcional. Una de esas ocasiones fue el 26 de julio de 1974 cuando el sacerdote Mariano Puga, párroco de la Iglesia Cristo Liberador de la Villa Francia, fue detenido por la DINA, llevado al recinto y sometido a torturas, vejaciones, tratos humillantes y degradantes al tiempo que era interrogado respecto de tres miembros de la Comunidad Cristiana de Villa Francia, Enrique Toro, Eduardo Lara, y José Villagra. Todos los anteriormente nombrados, a excepción del sacerdote Mariano Puga, se encuentran desaparecidos. José Villagra Astudillo era obrero municipal y militante del Partido Comunista, militancia que compartía con Eduardo Lara Petrovich quien trabajaba en la Industria IRT. Ambos habían sido detenidos el 15 de julio; con anterioridad a ellos, el 10 del mismo mes, había sido detenido el Vicepresidente de la Unión de Obreros Ferroviarios Enrique Toro Romero quien, al igual que los anteriores, era militante del Partido Comunista y parte de la Comunidad Cristiana de Villa Francia.

No deja de sorprender lo oscuro y difícil que ha sido compilar información sobre la “Venda Sexy”. De partida, la mayor parte de los agentes que desde allí operaron, integrantes de la Agrupación Águila de la DINA, aceptan haber sido parte del organismo y también aceptan haber “cumplido funciones” en algunos de los otros centros de tortura ya mencionados. Sin embargo, al llegar a tema de la Venda Sexy niegan haber estado jamás en ese recinto. Es como si para los propios agentes de la DINA haber estado en la Venda Sexy sea un motivo de vergüenza y de oprobio. Es más, el nombre “Venda Sexy” se debe a la forma en que ha sido identificado el recinto por prisioneros y prisioneras sobrevivientes, al constatar que una parte importante de las torturas allí aplicadas tenían connotación sexual. Hasta el día de hoy desconocemos el nombre clave que tenia la DINA para identificar el recinto.

Una de las oficiales de Carabineros, la teniente Ingrid Olderock Bernhardt, entrenadora de perros policiales antes del golpe de Estado, dedicó parte de sus habilidades a adiestrar a un perro ovejero alemán, al que le puso por nombre “Volodia” (aludiendo a un senador y también alto dirigente del Partido Comunista antes del golpe) para que este violara a mujeres detenidas que eran forzadas a asumir una posición que facilitara la penetración por parte del animal.

También fue frecuente la utilización de botellas de Coca Cola, palos de escoba, y mangueras, para ser introducidas por el ano de algunos prisioneros, o por la vagina en el caso de mujeres.

Lo anterior sumado a torturas “de uso común” en otros recintos de la DINA en el período: aplicación de electricidad (la “parrilla”), colgamientos, quemaduras, golpizas, “teléfono”, inmersión de la cabeza de prisioneros en líquidos en descomposición (“submarino húmedo”), pau de arara, ahogamiento de prisioneros poniéndoles una capucha sobre la cabeza y cerrándola herméticamente alrededor del cuello (“submarino seco”), y simulacros de fusilamiento.

La Venda Sexy estaba bajo el mando del entonces Capitán de Carabineros (y hoy día Coronel en retiro de Carabineros, prófugo) Ricardo Víctor Lawrence Mires. Este oficial, conocido dentro de la DINA como “Cachete Grande”, muestra una destacada “hoja de servicios”: integrante de los instructores de la DINA para la preparación de agentes en Rocas de Santo Domingo a fines de 1973; después agente operativo en Londres 38, también en la misma función en José Domingo Cañas, Comandante de Cuartel en la Venda Sexy, Comandante de Agrupación en Villa Grimaldi, y segundo en el mando en la casa de exterminio de calle Simón Bolívar 8630, Comuna de La Reina.

Otros agentes vinculados a la Venda Sexy fueron el capitán Ciro Ernesto Torré Sáez, y los tenientes Gerardo Ernesto Godoy García (“Cachete Chico”), Ingrid Felicitas Olderock Bernhardt, Miguel Eugenio Hernández Oyarzo (“Columbo”), el sargento Heriberto del Carmen Acevedo Acevedo, el cabo 1º Emilio Hernán Troncoso Vivallos, el cabo José Aravena Ruiz (“Muñeca del Diablo”), los suboficiales Gino Fritz Esparza, Pedro René Alfaro Fernández, Emilio Marín Huincaleo (“Caballo Justiciero”), Manuel Clavijo Vera (“Alfaro”), Tulio Pereira Pereira, José Avelino Yévenes Vergara (“Quico Yévenes”), Osvaldo Pulgar Gallardo (“Negro Paz”), y Rosa Humilde Ramos Hernández, todos miembros de Carabineros de Chile, más los detectives Manuel Rivas Orellana (“El Papi”) y Fernando Cruzat Aguirre.

La Venda Sexy funcionó intensamente entre fines de agosto de 1974 hasta el 26 de diciembre del mismo año, día en que los prisioneros que quedaban en el recinto fueron trasladados a Villa Grimaldi. Posteriormente fue usada de manera esporádica hasta 1977.

Durante el periodo más intenso más de ciento cincuenta prisioneros y prisioneras fueron secuestrados por la DINA y llevados al recinto. Más de un tercio de ellos fueron asesinados o hechos desaparecer, lo que da una proporción de victimas con causa de muerte mucho mayor que en el resto de los centros de tortura de la época, donde la proporción de muertos no se eleva por sobre el diez por ciento del total de prisioneros. También, del total de prisioneros llevados a la Venda Sexy cerca del cuarenta por ciento fueron mujeres, lo que revela una proporción desmedida en relación a los otros recintos de la DINA donde lo común era de aproximadamente un veinte por ciento de mujeres dentro del total de prisioneros.

Otra característica que “distingue” a la Venda Sexy de los otros recintos de la DINA fue su forma de operar: el centro de torturas funcionaba “en horas de oficina”, significando ello que a las cinco de la tarde (aproximadamente) dejaba de operar como tal (los torturadores y los oficiales se iban a sus casas) y quedaban a cargo del recinto suboficiales y guardias de la DINA hasta la mañana siguiente cuando nuevamente entraba en funcionamiento. En estos momentos (fuera de “las horas de oficina”) era frecuente que prisioneras fueran sacadas de su celda para ser llevadas a otras dependencias dentro de la misma casa para ser violadas.

Fue en la Venda Sexy precisamente donde se explicita más claramente la participación de las mujeres en la lucha de resistencia antidictatorial. La Venda Sexy fue un centro de torturas especializado en la represión al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), desde donde operaba la Agrupación Águila de la DINA, compuesta casi exclusivamente por Carabineros. La mayor parte (aunque no exclusivamente) de los prisioneros y prisioneras llevados allí estuvieron vinculados al MIR.

Los detenidos eran trasladados al recinto en las típicas camionetas Chevrolet C-10 de distintos colores y modelo 1974 que usaba la DINA. Después de trasponer el portón de entrada y ya en el patio de la casa los detenidos y detenidas eran sacados del vehículo con los ojos ocultos bajo grandes lentes de sol, lo que ayudaba a esconder la venda que cubría sus ojos desde el mismo momento de su detención. Los moradores de la casa vecina, desde el segundo piso de la cual era posible observar el patio de la Venda Sexy, manifiestan que ellos no se dieron cuenta de lo que realmente ocurría porque la mayor parte de las veces eran mujeres con lentes de sol las que salían de las camionetas, y poco después de entrar ellas en la casa, generalmente se escuchaba música de rock a alto volumen, lo que les hacía pensar que se efectuaban fiestas en esa casa en distintas horas del día. La música a alto volumen referida era el método empleado por la DINA en ese particular recinto, una casa de vecindario, para disimular y enmascarar los gritos, alaridos, y llantos de las personas torturadas.

La última vez sobre la que existe constancia acerca de la utilización del recinto fue en mayo de 1977, cuando un grupo de personas vinculadas a la Fundación Cardjin del Arzobispado de Santiago, entre ellos varios militantes del Partido Demócrata Cristiano, fueron secuestrados y llevados a la Venda Sexy. Estas personas fueron falsamente acusadas del rapto del menor Carlos Veloso Reidenbach (de 16 años y violado por sus captores, agentes de la DINA); uno de los detenidos, Jorge Andrés Troncoso Aguirre, militante del Partido Comunista, murió en la tortura.

El propietario legal, Luis Muñoz Muñoz, horrorizado al enterarse del uso que había tenido la casa familiar, la vendió en 1981. Fue adquirida por la familia vecina que intentó arrendarla por piezas a estudiantes de provincia que venían a Santiago con fines académicos, sin embargo, cuando los estudiantes arrendatarios se enteraban de la historia de la casa, rápidamente buscaban otro lugar donde mudarse. El negocio en estas condiciones no funcionó. Un último intento fue la instalación de un jardín infantil en la propiedad, intento que también fracasó por las mismas razones ya enunciadas, los padres de los menores inscritos, al saber de la historia de la casa, rápidamente mudaban a sus hijos a otros lugares con mejor reputación. Finalmente la casa fue adquirida por un empresario industrial que vivió allí con su familia por varios años.

La venta de la propiedad a principios de este año a una inmobiliaria, a pesar de haber sido declarada Monumento Nacional hace años atrás, hace temer que otro lugar de Memoria sea destruido y eliminado. Esto ya ocurrió con la casa de José Domingo Cañas 1367, durante el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle la cual se encontraba en pie y en venta en esa época, y a pesar de haber concurrido un grupo de prisioneros políticos a solicitar la intervención del Ministerio de Bienes Nacionales para su protección y compra, finalmente fue adquirida por la fábrica de juguetes Rochet que procedió a su completa demolición. Hoy día, el sitio de José Domingo Cañas es un Sitio de Memoria simbólico donde existen monumentos, pinturas, y esculturas, pero la casa, que habría sido un lugar inapreciable e insustituible como legado de memoria histórica, desapareció por el desinterés e inercia de uno de los gobiernos de la Concertación.

Es de esperar que el actual gobierno reaccione para proteger uno de los pocos sitios de memoria donde la arquitectura del ex recinto de la DINA se mantiene con pocas modificaciones. De no hacerlo otro Sitio de Memoria se perderá y se dará un paso más en la invisibilización de las mujeres en la lucha de resistencia antidictatorial.


Pedro Alejandro Matta
Santiago, 16 de agosto de 2019.

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