A fines de marzo pasado, Karen Holmberg, arqueóloga de la Universidad de Nueva York (NYU), aterrizó en nuestro país con el propósito de liderar una excavación en el Morro Vilcún, proyecto financiado por National Geographic, la Universidad Austral sede Puerto Montt y Pro Cultura. Junto con estudiar la adaptación humana en zonas volcánicas, localizar nuevos sitios, e identificar el patrimonio geológico del lugar, la iniciativa se propuso reconstruir de forma inédita a través de imágenes 3D las cuevas, trabajo que pone de relieve el arte rupestre en su interior.

Un congreso sobre volcanes trajo por primera vez a Chile a Karen Holmberg en 2015. Entonces, la arqueóloga visitó Chaitén y en un tour por Santa Bárbara, conoció las cuevas de Vilcún. Fue una visita rápida, alcanzó apenas a tomar algunas fotos, y regresó con ellas a Estados Unidos, donde comenzó a averiguar sobre el lugar.

Así fue como la arqueóloga supo de Francisco Mena y Rafael Labarca, quienes en 2012 habían investigado las cuevas. Los datos recopilados por ellos, dice Holmberg, “fueron esenciales para la postulación a National Geographic” y el surgimiento del proyecto “Las cuevas de Vilcún y el paisaje volcánico de Chaitén, Chile: un estudio transdisciplinario de conservación de la arqueología costera y el patrimonio geológico de la Patagonia” (The Vilcún caves and volcanic landscape of Chaitén, Chile: a transdisciplinary conservation study of coastal Patagonian archaeology and geoheritage).

Luego de tres años de esa primera visita, con el financiamiento de NatGeo en mano, y el patrocinio de la Universidad Austral (UACH) Sede Puerto Montt y la Fundación Procultura, Holmberg volvió al país para liderar un proyecto, que incluía a los arqueólogos Francisco Mena, Rafael Labarca y Elisa Calás, al geólogo de la Universidad de Aukland, Brent Alloway; la directora regional de Fundación Procultura Los Lagos, Constanza Gómez; al doctor en Medios y Tecnología de la Universidad de Los Andes (Colombia), Andrés Burbano; a la artista de NYU, Caitlin Barrigan; al fotógrafo, Thierry Dupradau y a la arqueóloga  de la UACH y directora del Colegio de Arqueólogos, Javiera Letelier.

“Vimos las cuevas de una manera que nadie la había visto antes”, aseguró Holmberg quien enfatizó en que “este es un proyecto arqueológico, consciente del contexto contemporáneo de Chaitén. Para nosotros en el siglo XXI es excepcional poder entender la experiencia de la gente en las cuevas”, señaló la arqueóloga, quien relevó que aquellos habitantes fueron testigos de diversos cambios climáticos, que hoy nos pueden entregar información para enfrentar las transformaciones que actualmente nosotros mismos vivimos.

En esta misma línea y refiriéndose a la importancia de esta investigación, Javiera Letelier, afirmó que “aunque la región de los Lagos posee una trayectoria investigativa importante con sitios como Monte Verde, la realidad es que es un área que presenta escasos trabajos sistemáticos que permitan comprender los procesos sociales desde los primeros pobladores hasta la colonización  en el siglo XIX y XX e incluso la historia reciente, todo esto en un contexto de estudio transdisciplinario en donde se comprenda al ser humano  en relación a su contexto espacio temporal y se releve la importancia del rol de la arqueología en la generación de narrativas y discursos sobre el pasado y el presente”.

Así, Letelier indica que “parte de la tarea es integrar la mirada de la comunidad actual para el desarrollo de estrategias de puesta en valor de los sitios arqueológicos y de su propio espacio que permitan el desarrollo sustentable de una comunidad fuertemente afectada por las catástrofes naturales. Por lo tanto, parte del desafío de este proyecto es considerar el pasado reciente como un aspecto a relevar para la puesta en valor del patrimonio local de Chaitén”.

Resultados de la expedición

“El Volcán Chaitén estuvo en erupción casi de forma continua desde el punto de vista geológico, por casi 18 mil años. Además, como todos sabemos, fueron continuos una cantidad excepcional de cambios en el nivel del mar y de levantamiento tectónico. Esta es un área increíblemente tangible para estudiar”, aseguró Karen Holmberg.

El resultado de la expedición a las cuevas sin duda superó las expectativas de los participantes. Entre los hallazgos encontrados se incluyen herramientas de piedra y hueso, pinturas rupestres y grabados. Las excavaciones, que superaron los dos metros de profundidad, lograron dar con restos arqueológicos, que, aunque aún no han sido peritados, parecen bastante anteriores a lo encontrado por Mena y Labarca en 2011.

“Viendo la línea costera, el nivel de mar y el retroceso de glaciares, creería que podríamos encontrar algo tan temprano como 6 mil años. Personalmente quiero poner el caso para 2 mil o 3 mil años. Sería maravilloso, no tenemos muestras de carbono todavía. Elegimos ocho muestras que vamos a testear lo antes posible”, dijo la arqueóloga, quien destacó que esta nueva investigación permitirá profundizar en los resultados obtenidos el 2012, donde se encontraron ocupaciones de poblaciones locales cazadoras recolectores marinas, de al menos 800 años atrás.

A la espera de los resultados de laboratorio de las muestras, Holmberg espera poder publicar tres o cuatro artículos sobre la expedición lo que le permitirá no sólo difundir la información sino lograr más financiamientos para seguir trabajando en el lugar.

Reconstrucción 3D

Sobre el trabajo fotográfico y de registro audiovisual que se hizo del sitio, Holmberg aseguró que: “Queremos respetar y honrar la creatividad prehistórica, representada en las cuevas”.

El trabajo de fotogrametría y modelación 3D de las cuevas se realizó antes de que llegara el equipo completo al lugar. “Queríamos recordar el sitio antes de comenzar de empezar la excavación. Andrés Burbano, especialista en medios y tecnologías emergentes hizo la fotogrametría, él trabaja con una técnica de frontera, y trajo al lugar un equipamiento nuevo y software”, detalló la experta.

Burbano no sólo trabajó al interior de las cuevas, sino que lo hizo con drones desde la playa, para tener desde allí un registro del interior de la cueva. Es decir, no son solo hizo imágenes del arte mismo, sino de éste en su contexto. Además, realizó tomas de todos los contornos de las cuevas, los diferentes colores, y cómo se relacionan entre ellas las obras. “Se puede abrir el modelo y ver desde distintos ángulos. No es solo un registro, sino también una herramienta de análisis”, concluyó la arqueóloga.

Sobre El Autor

Administrador

Artículos Relacionados