Este lunes 4 de junio, 18 premios nacionales de las ciencias sociales, naturales, exactas, aplicadas y tecnológicas, además de cuatro rectores de planteles del país, firmaron el “Acta de Tarapacá”, documento que alerta sobre la necesidad de cambiar la manera como las sociedades han estado utilizando el agua en el Desierto de Atacama.

Pueblo sin agua, pueblo muerto. Ese es el lema bajo el “Acta de Tarapacá”, declaración que este mediodía fue difundida en el Centro Cultural Palacio La Moneda y a la cual adscribieron 18 Premios Nacionales, además de la arqueóloga y colegiada, Victoria Castro, el director de Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas, Carlos Olavarría, y los rectores Ennio Vivaldi de la U. de Chile, Arturo Flores de la U. de Tarapacá, Ignacio Sánchez de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y Eduardo Silva de la U. Alberto Hurtado.

 

El texto está dirigido a la sociedad civil y a distintas instancias políticas con miras a que se desarrollen medidas remediales que generen cambios tecnológicos y culturales para detener y mitigar los efectos causados por las actividades antrópicas, en el Desierto de Atacama, uno de los desiertos más antiguos y áridos del planeta.

 

Esta acta fue creada por científicos e investigadores de las universidades de Tarapacá, de Chile, Católica de Chile, Alberto Hurtado y del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas y resume los resultados del proyecto Conicyt PIA “Cambios sociales y variabilidad climática a largo plazo en el Desierto de Atacama”.

 

Entre las propuestas planteadas por el documento, se incluye que el Estado de Chile declare el problema del agua como prioridad nacional, que la proteja y garantice como un derecho humano inalienable, y que para ello reconozca a este elemento vital como no renovable, desprivatizándola y desmercantilizándola.

 

El origen de este manifiesto y el compromiso de hacerlo público, fue explicado a la audiencia por la arqueóloga Victoria Castro, quien aseguró que este “es un llamado de atención que como científicos ponemos a disposición de la sociedad, basado en nuestras investigaciones, así como lo han hecho las comunidades del Norte de Chile con sus experiencias herederas de la historia de varios cientos de años (…) Juntos podemos crear una cultura ambiental que sustente el preciado recurso para las presentes y futuras generaciones”.

 

En representación de la Universidad de Tarapacá, institución que lidera esta iniciativa habló su rector, Arturo Flores, quien señaló: “Este grito de alerta llama la atención del Estado y de la sociedad chilena, a propiciar un nuevo enfoque sobre la cultura del agua, revalorándola socialmente para lograr un cambio de actitudes en las prácticas y en la percepción sobre este vital elemento con el claro propósito de mitigar el impacto humano en el desierto más árido del planeta”.

 

Según la declaración, durante los últimos decenios en el Desierto de Atacama, “las napas subterráneas han descendido varios centenares de metros, debido a su sobreexplotación y a que las precipitaciones en la zona andina son cada vez más escasas y erráticas, efecto del cambio global”, y las tasas actuales de extracción para fines industriales, rurales, urbanos y domésticos se presentan como insostenibles.

En este contexto, el “Acta de Tarapacá” concluye que “la creciente presión sobre un recurso finito, así como el aumento de los conflictos socio ambientales, las fallas y problemas regulatorios del sistema chileno y la relación de las personas con el agua, sumado a los efectos del cambio climático, nos interpelan y evidencian la urgente necesidad de pensar, reunidos los más diversos agentes de la sociedad, en cómo articular profundos cambios culturales para evitar el agotamiento de este elemento”.

 

Un acta para Chile

 

Tras la firma del documento, se abrió un espacio de diálogo entre los Premios Nacionales y el público presente, en el que éstos plantearon la elaboración de un acta que selle el compromiso de todo el territorio con el destino de este recurso natural.

 

“El agua constituye la sangre del país. El horizonte que aquí se ha planteado es tremendamente desafiante para la ciencia, para la política y para la sociedad. Esta iniciativa está avizorando cuestiones que son importantes no solo como preocupaciones de la ciencia, sino principalmente como mensajes sociales poderosos, y principalmente como sustento político para la defensa de los intereses de todos los pueblos, que a lo largo del país sufren lo que aquí se ha descrito: discriminación, persecución y emigraciones. Tenemos que levantar nuestra voz”, dijo Hugo Romero, Premio Nacional de Geografía 2013.

 

La Premio Nacional de Ciencias Naturales 2006, Cecilia Hidalgo, recalcó el carácter de urgente del tema en cuestión. “Este es un primer paso muy importante, y me preocupa que estemos llegando tarde, porque estamos frente a un problema muy grave. Esta es una tarea muy urgente y nosotros como comunidad científica tenemos que conseguir que se nos escuche, cosa que no ha sido una tarea fácil. Yo no puedo estar más de acuerdo con este llamado a la comunidad científica de involucrarse en estos temas. Firmar esta acta es un primer paso, que nos lleva en la dirección correcta, y ciertamente no solo tiene que ser el Acta de Tarapacá sino de todo Chile”, afirmó

 

Gabriel Salazar, Premio Nacional de Historia 2006, llamó a ir más allá del carácter simbólico que supone este manifiesto. “¿Qué tendríamos que hacer?”, preguntó Salazar, “ya se ha dicho: que sea un acta del país, porque la privatización del agua abarca a todo Chile y tiene grados de gravedad y de dificultades mayores (…) La relación entre universidades o entre científicos no basta. Es fundamental que comprometamos a las comunidades locales, que son la forma suprema o ideal de la existencia humana y requieren fundamentalmente para existir de servicios públicos. En consecuencia, la lucha por el agua, tiene que ser al mismo tiempo la lucha porque la comunidad local controle y administre en la medida de lo posible esos servicios públicos que han sido privatizados”.

 

Finalmente, Calogero Santoro, del Instituto de Alta Investigación (IAI), Laboratorio de Arqueología y Paleoambiente de la U. de Tarapacá, concluyó: “Sabemos mucho sobre lo que está pasando con el problema, pero tenemos que hacer muchísmo esfuerzo en traspasar todo este conocimiento a la sociedad, y yo creo que ese es el gran desafío. Tenemos que seguir haciendo ciencias, pero tenemos que inventar un sistema para que este conocimiento pase a la sociedad civil, y tengamos estas salas desbordantes de gente opinante, que quiera participar. Ese es el mensaje”.

 

Lista de Premios Nacionales firmantes del “Acta de Tarapacá”

 

María Cecilia Hidalgo Tapia, Premio Nacional de Ciencias Naturales 2006

 

Mary Kalin-Arroyo, Premio Nacional de Ciencias 2010

 

Ligia Gargallo González, Premio Nacional de Ciencias Naturales 2014

 

Eric Goles Chacc, Premio Nacional de Ciencias Exactas de Chile 1993

 

Mateo Martinic, Premio Nacional de Historia 2000

 

Lautaro Núñez Atencio, Premio Nacional de Historia 2002

 

Ramón Latorre de la Cruz, Premio Nacional de Ciencias Naturales 2002

 

Jorge Hidalgo Lehuedé, Premio Nacional de Historia 2004

 

Gabriel Salazar, Premio Nacional de Historia 2006

 

Juan Carlos Castilla, Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas 2010

 

Bernabé Santelices, Premio Nacional de Ciencias Naturales 2012

 

Jorge Manuel Pinto Rodríguez, Premio Nacional de Historia 2012

 

Luis Briones Morales, Premio de Conservación del Patrimonio Cultural de Chile 2012

 

Hugo Romero Aravena, Premio Nacional de Geografía 2013

 

Sergio González Miranda, Premio Nacional de Historia 2014

 

Francisco Rothhammer Engel, Premio Nacional de Ciencias Naturales 2016

 

Jorge Negrete Sepúlveda, Premio Nacional de Geografía 2016

 

Julio Pinto Vallejos, Premio Nacional de Historia 2016