En 2007 las ruinas de poblados históricos vinculados a puertos guaneros de la Región de Tarapacá –en una clara situación de vulnerabilidad–, motivaron al arqueólogo Pablo Mendez-Quiros y a la antropóloga Tamara Sánchez, a presentar un proyecto que permitiera investigar las evidencias de estos sitios desde una perspectiva interdisciplinarias, relevando así su historia y los testimonios materiales que aún se conservan. Tras casi una década de inexplicable burocracia, dos de los tres puertos guaneros de la comuna de Iquique fueron declarados Monumento Histórico. Por la lentitud de esta tramitación, como cuenta en la siguiente entrevista Mendez-Quiros, uno de estos sitios arqueológicos sufrió daños irreparables.
Como investigadores radicados en la ciudad de Iquique y habiendo visitado en diversas oportunidades los antiguos puertos guaneros de la zona, Pablo Mendez-Quiros y Tamara Sánchez postularon a un proyecto FONDART para relevar la importancia histórica de los sitios de extracción y sus campamentos asociados con una ocupación que abarca los siglos XIX y XX. Esta iniciativa apuntaba a su vez a levantar un Expediente Técnico que permitiera declarar estos sitios como Monumento Histórico, a fin de protegerlos de eventuales intervenciones a los que entonces se veían amenazados.
Acotado el estudio, por razones de financiamiento, a dos de los tres puertos guaneros de la región –Pabellón de Pica y Huanillos, ubicados en la comuna de Iquique–, el equipo obtuvo el financiamiento en 2008 para un proyecto que concluyó poco después con un libro digital, cuatro publicaciones, una tesis de arquitectura, y en abril de este año, la declaratoria de ambos sitios como Monumento Histórico por parte del Consejo de Monumentos Nacionales.
-¿Por qué era importante para ustedes rescatar estos sitios y su historia?
Algunos de los aspectos más relevantes relacionados con la explotación del guano es que es uno de los antecedentes más importantes, en términos de proceso histórico, para comprender la historia del salitre. En Pabellón de Pica y Huanillos en tiempo peruano se instalaron puertos que forman parte de este momento del proceso de expansión capitalista en Latinoamérica, orientados a la extracción de materias primas para alimentar los mercados internacionales.
Sin embargo, estos son lugares tuvieron una secuencia de explotación del guano que se inicia en tiempos precoloniales. Entonces, nosotros nos focalizamos en estos dos yacimientos, tratando de tener una mirada lo más amplia posible como proceso histórico. Si bien el 98% de las evidencias apuntan a los siglos XIX y XX, nuestra idea era pesquizar si podíamos identificar evidencias prehispánicas. Pero lo que pasa en general en los sitios extractivos es que la propia actividad extractiva se superpone a las anteriores, entonces muchas veces la explotación más reciente, oblitera las evidencias de la explotación anterior, siendo muy difícil encontrar herramientas o áreas de actividad de los momentos iniciales. Alguna de las referencias que dan cuenta de la ocupación prehispánica de lugares como Pabellón de Pica y la Isla Serrano (Iquique), se mencionan en la crónica de Cieza de León, y ahí se identifica el Pabellón de Pica como un lugar relevante para la extracción del guano asociado a la cultura incaica. Lamentablemente de ahí a encontrar evidencias directas en el sitio, es otra cosa. No encontramos.
-¿Cómo fue el trabajo que realizaron en el marco de este proyecto?
Combinamos una mirada arqueológica con un trabajo de campo que incluía por un lado el registro de arquitectura y la identificación de distintas áreas de actividad, para lograr una completa caracterización documental y arqueológica de estos puertos guaneros, que se erigieron bajo la lógica de campamento minero con área de vivienda, administrativa y extracción espacialmente asociadas.
El trabajo arqueológico consistió en identificar las condiciones de construcción, y a partir de los materiales que podíamos encontrar en superficie, proponer una cronología, entendiendo que el auge del guano fue un proceso súper importante inmediatamente antes de la Guerra del Pacífico.
Por otro lado, la mirada de la antropología histórica combinó la búsqueda de relatos de los últimos trabajadores o habitantes de estos puertos guaneros –el último en cerrar fue Pabellón de Pica en la década del 70–, y a partir de ellos tratar de acercarnos a la memoria a través de las vivencias de los antiguos trabajadores sobre cómo funcionaron en sus últimos momentos estos puertos. Ese trabajo etnográfico se combinó con una mirada documental en archivos que nos permitió alcanzar una visión lo más completa posible. Ahí se trabajó en los Archivo de Santiago, Iquique y Arequipa, e hicimos un intento infructuoso de trabajar en el Archivo de Tacna.
-¿Es distinto el rescate arqueológico cuando son excavaciones de tiempos más recientes?
Desde el punto metodológico el trabajo no cambia tanto. Sin embargo, la diferencia principal radica en la posibilidad de dialogo entre un archivo documental, histórico, y el registro arqueológico, el que aporta información que no está en los documentos o que incluso puede evidenciar contracciones. Por ejemplo, para el tema del guano, las investigaciones históricas, destacando la investigación de Mario Zolezzi, hablan de volúmenes de exportación o la organización de las empresas que articularon esta extracción, así como la conexión entre Perú, Chile y las capitales imperiales y comerciales de Francia e Inglaterra. Pero al hacer un acercamiento arqueológico, no encuentras nada de eso, sino que puedes generar una mirada sobre los sujetos que habitaron y le dieron forma a estos procesos históricos, logrando una mirada desde la historia local, y como resultado de este diálogo entre disciplinas que genera una visión más amplia.
Respecto a la definición de temporalidades, la arqueología al estudiar sobre períodos prehispánicos trabaja con rangos temporales mucho más amplios, y es muy común que en algunos momentos se hable de siglos o de bloques temporales de 300/400 años. En cambio, desde la arqueología histórica puedes abordar períodos mucho más breves, con indicadores temporales muy sensibles. Por ejemplo, puedes reconocer temporalidades a partir del los cambios de las distintas marcas, en el caso de la loza, empaques, o bien a partir de la tipología de botella o tarros. Entonces, hacemos lo mismo, pero con una materialidad mucho más amplia y donde podemos identificar el cambio de manera mucho más precisa, o con rangos temporales mucho más acotados. Eso es súper interesante.
-¿Qué tipo de evidencia encontraron en los sitios y en qué condiciones de conservación?
Identificamos un tipo de viviendas que eran casas de madera, muy similares a las que puedes ver en el centro histórico de Iquique, y al ser casas de madera, cuando un pueblo se desarma, normalmente éstas son desmanteladas y reutilizadas. Lo que encontramos fue el trazado urbano del puerto, pero mayores evidencias de arquitectura, salvo algunos recintos que eran de otros materiales como corrales para animales domésticos. Sin embargo, en Huanillos se produjo un fenómeno bien interesante, porque sobre el puerto guanero se instaló uno de los primeras expansiones de la empresa Sal Lobos durante la primera mitad del siglo XX, ahí hay todo un verdadero campamento que está construido con adobe, bloques y hormigón, que data de los años ‘30. Uno de los edificio más emblemáticos de la costa sur de Iquique, es el Castillo de Huanillos, el que corresponde a la casa del Administrador durante este período. Esta es una edificio excepcional en esta costa desértica, no obstante haya sido desmantelado hace varias décadas.
Por las condiciones ambientales desierto, encontramos una excelente preservación. En las excavaciones, recuperamos evidencia como por ejemplo, cajetillas de cigarros del siglo XIX, que nos remitían a partir de las impresiones y de las marcas, a cuando Cuba aún era colonia española. Ahí es cuando puedes hacer cruces temporales mucho más precisos.
-Y respecto al tema de la declaratoria. ¿Cómo fue el proceso?
Lamentablemente declaratoria sufrió una tardanza de ocho o nueve años por la burocracia injustificable del aparato administrativo del Consejo de Monumentos Nacionales. En general la tramitación es algo lenta, pero en este caso empezamos en el año 2008/2009, siguiendo el curso legal normal, siendo aprobado como nuevo Monumento Histórico por los Consejeros. Desde ahí tenía que pasar a firma del Ministro de Educación. Eso lamentablemente coincidió con el proceso de interpelación del ministro de la época que era Harald Beyer, y la declaratoria no se firmó, quedando años abandonado en un cajón, sin tener la firma del ministro, que es algo protocolar. Ahí estuvimos dos o tres años peleando, hasta que se reactivó hace un año atrás y se llevó finalmente a término.
-¿Qué pasó con el sitio en todos esos años?
Bueno, ¿por qué es importante hablar de que la burocracia nos hace daño? Este proyecto surge por la identificación de la vulnerabilidad de un sitio patrimonial. Se hace una propuesta para obtener un rango de protección y en el intertanto que se aprueba y que se declara, una empresa construyó una línea eléctrica sobre el sitio, entraron con retroescavadora, destruyendo una serie de sectores. Una cosa totalmente dramática. La declaratoria salió recién fue aprobada en abril de 2017. Ahora, lo más probable es que la línea eléctrica siga ahí, y que no haya pasado nada con la denuncia de destrucción de sitio arqueológico.
-Y a ti qué propuesta te gustaría para ese lugar.
Por mucho que yo le tenga apego a ese proyecto, en la región de Tarapacá hay una serie de cosas mucho más urgente en las que invertir dinero. Identificamos como prioritario avanzar hacia la protección legal de estos sitios para que no le pusieran un puerto encima o no pasara lo que pasó con la línea eléctrica o cosas peores. Por ahora, creo que en Chile tenemos otras cosas mucho más prioritarias donde invertir. En la región tenemos una serie de deficiencias en el museo respecto a la renovación de la exhibición, las áreas de almacenaje, entre otras.
Lo que a mí me interesaría, que no va directamente relacionado con las evidencias materiales de este puerto, es el posicionamiento de este tema en las cátedras de historia de los colegios. Yo ahora postulé a un FONDART en Arica, para hacer un trabajo con profesores de colegio, para hacer un mejoramiento de los contenidos de prehistoria en los colegios, entendiendo, que ésta debe tener una pertinencia territorial. Los desafíos de una arqueología histórica apuntan a eso, que podamos visualizar de aquí a 15 años que la historia que se enseña en los colegios pueda ir rescatando todas estas historias y saberes locales, que no por ser locales y regionales son de una menor importancia.

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