La construcción de un mall en los terrenos de la antigua Cervecería Ebner en la comuna de Independencia, una de las primeras de Santiago, declarada Monumento Histórico hace más de 30 años, derivó en la realización de estudios ambientales y evaluaciones arqueológicas en sus terrenos. La arqueóloga Verónica Baeza lideró los trabajos que se iniciaron en 2012 y en los que se encontraron restos coloniales,  prehispánicos y de la época de funcionamiento de la cervecería.

Ubicada en Av. Independencia 565 la Cervecería Ebner, inaugurada en 1888 fue la primera fábrica en contar con maquinaria moderna para la elaboración de  cerveza.

Con su principal producto, la Pilsen Ebner, la empresa no solo cubría el mercado nacional, sino también exportaba a Perú, Ecuador y Argentina. Además, destacó como la primera empresa en fabricar hielo al por mayor en Chile, llegando a producir 50 mil kilos al día. A principios del siglo XIX –siguiendo su senda innovadora-,  introdujo la gaseosa Bilz en el mercado local.

Tras su cierre en 1978 el inmueble fue declarado por el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) como Monumento Histórico en 1984. Posteriormente, el terreno en que se emplazaba la antigua fábrica fue adquirido por Luis Echavarri, quien hace unos años se propuso la construcción del Mall Barrio Independencia, cuyo proyecto incluye la restauración y conservación del inmueble para convertirlo en un museo de la cerveza.

“Por su condición de inmueble protegido el proyecto a desarrollar tiene la obligación legal de someterse a evaluaciones arqueológicas, y a un estudio de impacto ambiental”, explica la arqueóloga Verónica Baeza, quien a partir de 2012 estuvo a cargo de las distintas etapas de evaluación ambiental y arqueológica de la cervecería,  de la cual hasta hora solo se mantiene su fachada y chimenea.

De acuerdo con Baeza los trabajos incluyeron excavaciones arqueológicas relacionadas a  dos etapas de sondeos, primero en 2013 y después en 2014. “Luego el CMN determinó el rescate del contexto colonial detectado en los sondeos, el que se llevó a cabo en 2014  en primera instancia, momento en que se detectaron restos prehispánicos en el lugar”, detalla la arqueóloga.

Lo anterior dio pie a otras tres excavaciones de rescate, durante las cuales se excavó más del 80 por ciento del terreno en que se identificó el sitio. “Terminamos de excavar la IV etapa en 2015. Durante 2016 y parte del 2017 se realizaron los análisis especializados del material, y hoy en día estamos en la fase final de la conservación de la colección para su depósito, y en espera de los recursos para realizar los fechados”, cuenta Baeza.

 Hallazgos

 Según cuenta la profesional a cargo de las evaluaciones del lugar, en una primera instancia de trabajo en el sitio se recuperaron escasos restos de cerámica que parecía ser colonial, “lo que pudimos comprobar una vez que se extendieron los sondeos arqueológicos, en que pudimos apreciar claramente la existencia de un depósito colonial”.

Luego, durante la primera etapa del rescate arqueológico se detectaron restos prehispánicos, circunscritos a espacios específicos, lo que resultó ser a la larga una ocupación tanto o más importante que la detectada previamente.

“El análisis especializado de cada uno de los tipos de restos materiales recuperados nos otorgó también datos interesantes respecto del uso de ciertos recursos para el período prehispánico y colonial, así como el análisis de las lozas y cerámicas propias de la industria cervecera nos han hablado de ciertas lógicas de funcionamiento de la industria y la importancia que tuvo durante su época”, afirma la profesional.

Respecto a la relevancia que ha ido tomando la arqueología histórica en el ámbito local, Baeza señala que “en el estudio y análisis de los restos materiales en monumentos, y emplazados en la ciudad existe una riqueza arqueológica inmensa,  que ha sido posible descubrir desde las obligaciones ambientales impuestas a los proyectos de desarrollo y la inserción de la arqueología en este ámbito”.

En lo particular, la arqueóloga manifiesta su interés en el estudio del período colonial, desde los restos materiales, y en diálogo con otras disciplinas como la historia, “por la existencia de otro tipo de fuentes como son los documentos y registros coloniales. Creo que la combinación de la información disponible en las diversas fuentes, materiales y documentales nos permite enriquecer las interpretaciones que como arqueólogos realizamos”.

 

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